Todo arte tiene por objeto traer algo a la existencia, es decir, que procura por medios técnicos y consideraciones teóricas que venga a ser alguna de las cosas que admiten tanto ser como no ser, y cuyo principio están en el que produce y no en lo producido.

No hay arte de las cosas que son o vienen a ser por necesidad, de las que son o llegan a ser por naturaleza, puesto que todas ellas tienen en sí mismas su principio.

Ya hemos visto que la teoría de la arquitectura ha evolucionado de acuerdo con las exigencias sociales de un momento y lugar históricos determinados.
También hemos visto ya cómo la arquitectura siempre ha sido considerada como un arte. Ahora bien, toda arte tiene como función comunicar un
mensaje del autor hacia el espectador, y la arquitectura no es la excepción.


Ahora bien, la arquitectura, como todas las artes, tiene su propia forma de comunicación ¿cuál es ésta? Es la forma, la iluminación, el ambiente y el espacio.

En la presente unidad veremos cómo la arquitectura es una forma de comunicación tan expresiva como cualquier otra
manifestación artística, y cómo es que el arquitecto, por medio de su trabajo, es capaz de comunicar ideas, sentimientos y emociones

La creación artística se puede dar por varios motivos. Los unos son los
motivos personales del artista, pero los otros son motivos extrapersonales,
es decir, son los que provienen de la cultura a la que el artista pertenece.
En el próximo tema se analizarán más a conciencia los motivos
personales, al estudiar al arquitecto como comunicador. En esta sección se
estudiarán sólo los motivos extrapersonales, los que no dependen del
artista.32
Como ya se dijo, estos motivos son los que la sociedad impone al
artista, y se pueden entender como la forma en la que el arte satisface las
necesidades de la sociedad. En el caso de la arquitectura, los motivos
extrapersonales corresponden a las necesidades que han de satisfacerse
con el proyecto arquitectónico. Y, naturalmente, para que el arte satisfaga
los requerimientos del usuario, ha de conocer cuáles son éstos.
De este modo se inicia un diálogo, en el cual un grupo humano hace
partícipe de sus necesidades a un creador artístico (arquitecto) y éste les
da solución a las mismas mediante la obra (en este caso, el proyecto arquitectónico).

A su vez, cuando el usuario ha terminado de utilizar el espacio arquitectónico y cuando analiza éste, decide si la obra satisface o no sus requerimientos, es decir, evalúa el trabajo del artista. Así es que, cuando el arquitecto satisface una problemática social, lleva a cabo una comunicación completa con el usuario, misma que tiene a la arquitectura por lenguaje.


En el momento que la arquitectura es parte de un diálogo entre el artista y el usuario, la labor del arquitecto nace como forma de comunicación. Aquí resulta útil mencionar algunas palabras de Aristóteles, quien mencionó la necesidad de que el arte cumpla un propósito:

Este texto señala, sin ningún género de dudas, que más importante
que el arte es el artista. Es por ello que no se considera que el arte sea un
comunicador, si no tan sólo una forma de comunicación.
La diferencia entre ambos conceptos es clara: la forma de
comunicación es la forma en la que el comunicador dice las cosas, es el medio por el cual transmite un mensaje. Así, siguiendo este concepto, encontramos que el arquitecto es el transmisor del mensaje, en tanto que la arquitectura, es decir su obra, es el lenguaje con el que el arquitecto se comunica.
La forma en la que el arquitecto se expresa es conocida como
semiótica y semántica de la arquitectura. Estas dos ciencias son las encargadas de estudiar el significado de los símbolos, y aunque no serán tratados a conciencia en este tema, sí cabe señalar que la arquitectura, como todos los lenguajes, tiene símbolos, y tales símbolos tienen significados. Así es que el arquitecto ha de elegir los símbolos adecuados
para transmitir su mensaje pudiendo elegir de entre una amplia gama de
códigos con los cuales comunicarse:
 Color.
 Forma.
 Iluminación.
 Acústica.
 Textura.
 Percepción.
Estos son sólo algunos de los distintos símbolos que emplea el arquitecto para comunicarse. Es difícil delimitar exactamente cada uno de ellos, ya que en realidad jamás están solos. Por el contrario, uno de ellos afecta y es afectado por el resto, razón por la cual el arquitecto, como todo comunicador, ha de combinar armónicamente los símbolos que emplea, de tal modo que le mensaje sea conciso, preciso y completo.

La arquitectura puede ser una forma de comunicación tan precisa y elegante como la poesía y la pintura, si se sabe hablar adecuadamente su lenguaje. 

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